domingo, 12 de julio de 2015

Espejos y laberintos: la ficción dentro de la ficción

"El espejo está roto  ¿Pero qué muestran sus fragmentos?"
Ingmar Bergman




Es bien sabido que en todas las mudanzas se pierden cosas, a veces objetos que nunca más se recuerdan, a veces objetos preciados. En alguna de ellas perdí los dos libros de memorias de Ingmar Bergman que subrayé con bolis de distintos colores durante los primeros años de facultad. Los consultaba a menudo, y sin embargo, no sé por qué no he hecho ningún esfuerzo por volver a  tenerlos. Recuerdo que en uno de ellos Bergman recordaba una anécdota infantil en la que una prima suya le confesaba  el carácter ficticio de toda identidad, le decía que el "yo" que nos construimos  no era más que un juego infantil de deseos y reflejos. 

La anécdota influyó en que Bergman entendiera siempre el cine como un mecanismo que asimilaba su vida personal y la ficción. En el podcast de esta semana tratamos de desmenuzar qué es  eso del metarrelato o la ficción dentro de la ficción. Por primera vez Redrum cuenta con una colaboración: Álvaro Martín Ángulo, periodista recién afincado en Valencia, seriéfilo y blogger de episodios anteriores que nos ha propuesto tres series dentro de esta temática. Lyotard consideraba que el metarrelato era aquel que excedía los límites de las convenciones de la ficción para hacer una suerte de juego de efectos en el que se rompían los pactos de la narración convencional, el espectador quedaba implicado como una especie de cómplice y lo narrado ascendía a la categoría de "discurso" sobre los entresijos del medio.

En las tres series de esta semana: Scream, Unreal y The Newsroom navegamos en un terreno ambiguo en el que si bien sus autores nos quieren mostrar la cara menos amable de sus propios géneros, a veces se intuye cierta reivindicación de los mismos. El discurso  va desde la parodia  de la serie de la mtv Scream, pasando por la crítica mordaz de la producción de un reality en Unreal hasta alcanzar en el canal de noticias ficticio de The Newsroom, un tono épico de lo que es, o debería ser, el periodismo. Aquí, nos hemos detenido a considerar al protagonista de la serie guionizada por  Aaron Sorkin (a quien recordamos por el series anteriores como El ala oeste de la Casa Blanca),  Will McAvoy, (Jeff Daniels) y su quijotesca ambición de deshacerse del disfraz de neutralidad para implicarse personalmente en las noticias que cuenta ¿Tenemos algún caso similar en España? ¿es posible que un periodista se posicione políticamente y siga manteniendo la objetividad o el buen hacer profesional?



En cuanto a metacine se refiere hemos querido diferenciar entre aquellas películas que se ambientan en el interior de la industria cinematográfica, de aquellas otras que realmente proponen algún tipo de reflexión sobre el discurso cinematográfico o rompen alguna convención del relato. Desde el "Crepúsculo de los Dioses" de Billy Wilder hasta "Rebobine, por favor" de Michel Gondri pasando por obras de culto como " Arrebato" de Iván Zulueta o "La rosa púrpura del Cairo" de Woody Allen, hemos hecho un pequeño repaso a las obras centrales del meta cine.  Álvaro nos ha propuesto dos de esquisto manierismo "Adaptation, el ladrón de orquídeas" y "Synecdoche New York" las dos guionizadas por Charlie Kauffman, en las que el propio proceso de creación de Kauffman se convierte en protagonista del relato. Por mi parte  me decanto por INLAND EMPIRE, una película cuyo director se niega a que se escriba en letras minúsculas,  sobre el rodaje de un remake maldito, sobre el proceso de absorción vampírico entre personaje, inseguridades y actriz, un delirium tremens visual con pocas interpretaciones claras y mucha sugerencia plástica que parece (PARECE) querer ofrecernos un viaje de pesadilla hacia el interior del subconsciente de la actriz (Laura Dern). También hablamos de Tesis, la ópera prima de Alejandro Amenábar que habló por primera vez en nuestro país  de las  snuff movies  y quizás extendió la violencia como negocio a el periodismo amarillo que empezaba a nacer con fuerza a raíz de casos especialmente mediáticos como el de las niñas de Alcásser.







And last but not least en "Otras voces, otros ámbitos" recomendamos  Noviembre Nocturno, un podcast casi único en su especie dedicado a la radio ficción de relatos y verdades incómodas donde el terror puede tomar inesperadas formas por absurdas que puedan parecer. Alberto Martínez, Regino García y Mario Ciberio dan vida a este proyecto que se emite en varias emisoras locales y que podéis encontrar también en ivoox: Lovecraft, Poe, Borges y Galeano se pasean por sus dramatizaciones. Os dejamos su último episodio para que lo disfrutéis.



lunes, 6 de julio de 2015

True Detective, la vida después de Carcossa

He said: I love you, baby like the minners love gold
Lera Lynn





Desde que empezó la segunda temporada de True Detective: el mundo se divide en dos extremos: los que se sienten defraudados porque la nueva temporada parece un autoplagio de peor calidad del argumento que Nic Pizzolato construyó en la primera y los que se sienten defraudados porque la nueva temporada no se parece en absoluto a la propuesta que marcó un hito en la historia de las series el año pasado.

Entre tanta contradicción, en este podcast hemos querido arrojar un poco de luz a las claves de esta segunda temporada con un claro propósito que sea  un  alegato en defensa de un autor que nos ha hecho pasar algunos de los mejores ratos delante de la pantalla : indulto para Pizzolato.

El director, afectado por la maldición de la segunda temporada (segunda novela, segunda película), está siendo víctima de expectativas generadas en el duo irrepetible Harrelson-McCounaghey. En este podcast nos adentramos en el universo de los dos primeros capítulos (The Western Book of The Dead y Night Finds you) : aciertos y errores de la estructura de la trama, en especial el final anticlimático del capítulo piloto, personajes un poco "papel mache" y un casting discutible en el que Vincent Vaugh se lleva la palma y Rachel McAdams puede ser la gran sorpresa .

Entre los aciertos, hemos destacado la fotografía y la ambientación ( no nos acordamos de la pérdida de Fukunaga) la incorporación del elemento canción, que va más allá de la estética y se convierte en un elemento dramático y casi casi narrativo: las canciones en las que aparece Lera Lynn han sido escritas especialmente para la serie y comunican el estado  emocional de unos personajes más crípticos que los de la primera temporada (y es que no sólo hemos cambiado de geografía, sino de género). Pizzolato nos va a proponer una reinvención del hardboiled en versión postindustrial, el Chicago de los años treinta se va a convertir en un depravado antro periférico atravesado de  vertidos tóxicos: los gángsters ya no trafican con whisky, ahora lo hacen con contratos urbanísticos, LA Confidencial vaga en el aire como referencia pero con un simbolismo onírico muy lynchiano: cuencas de  ojos, pájaros, pisapapeles vaginales,  todo para aludir al gran subtexto de la serie: sexo y corrupción: la crisis de la virilidad.




"El varón blanco y rico es la única amenaza" (Los chicos del Maíz)

En las recomendaciones cinematográficas de la semana y (SIN SPOILERS) os proponemos White God una distopía atemporal sobre la rebelión del perro contra el hombre ambientada en un Budapest desierto. (Fascinante, pero no apta para miradas muy sensibles) Una película carnívora que transita por varios géneros desconcertando completamente al espectador. Se utilizaron 274 perros perros para el rodaje de esta película alegórica que nos va hablando paralelamente de distintos tipos de hegemonía: el aplastamiento de lo minoritario. 

"Las urnas serán nuestras últimas balas" (John Dewey)

Grabamos el programa el sábado, sin saber el resultado del referéndum y dando por supuesto que hoy estaríamos celebrando la victoria del no. OXI se impuso ante el discurso del miedo y de un "sentido común" construido por opinólogos rancios con palco reservado en el Teatro Nacional. Dedicamos un fragmento del programa a la crónica política, a nuestro apoyo al NO griego comparándolo con el referéndum del 88 en Chile donde otro NO daba un giro a la historia, permitiendo el paso de la dictadura militar a la democracia. Recomendamos la película "NO " de Pablo Larráin. 

"Otras voces, otras ámbitos"

Esta semana, además, inauguramos sección. Queremos tender puentes entre oyentes y podcasters, entre podcasters y podcasters, entre bloggers y podcasters. Omnia Sunt Comunia, creemos comunidad. Una sección destinada a recomendar otros podcasts que nos gustan. En este caso os hablamos de El Libro de Tobías un podcast de Asier Menéndez Marin, un podcast ecléctictico que podéis encontrar en ivoox . En el, su autor explora temas de lo más variado, desde monográficos de grandes clásicos de la literatura como Paul Auster y Stephen King hasta tributos a grandes pelis de la ciencia ficción como Blade Runner: cultura, literatura, cine, series, historia y cómic podéis encontrar en este podcast que desborda calidad y no se somete a la dictadura de la actualidad mediática. Os dejamos su último episodio.


sábado, 27 de junio de 2015

Wayward Pines: el enemigo interior.



La enfermedad actual  consiste precisamente en la normalidad,
donde mayor es la claridad domina secretamente lo fecal. 

Theodor Adorno





A veces,  lo más inquietante de lo inquietante es no encontrar una explicación para la inquietud. En la pequeña localidad de Wayward Pines todo parece idílico y exultante, sin embargo, es precisamente esta apariencia de absoluta falta de perturbación la que nos hace sospechar. A pesar de sus sonrisas amplias y sus diálogos elocuentes a Ethan Burke, recién llegado al pueblo para resolver la desaparición de dos agentes del servicio secreto, le da la impresión de que todos sus habitantes esconden algo, quizás todo el pueblo este construido sobre la base de un gran misterio. Tras las dosis de entusiasmo con que cada vecino de Wayward Pines parece celebrar su lugar en el mundo, se encuentra un atisbo de miedo, de terror a la intimidad, al contacto con el otro y con uno mismo. 

La serie basada en la novela de Blacke Crouch y producida por M. Night Shyamalan, quien también dirige el capítulo piloto, empezó como un thriller psicológico en los que el individuo y la comunidad juegan un importante tour de force para para vencerse mutuamente. La felicidad como imposición y  la normalidad como retrato de lo falsario son algunos de los temas que aparecen transversalmente en los primeros cinco capítulos de la serie y que nos invitan a hacer algunas interpretaciones de esta distopía contemporánea en clave filosófica. ¿Nos sirve Wayward Pines como símbolo de la sociedad americana actual? 

 En el podcast de esta semana hemos querido analizar los puntos fuertes de la serie,  la atmósfera claustrofóbica e irrespirable, la ambientación del pueblo y la puesta en escena de lo inquietante a partir del contraste entre la postal sobreactuada y la realidad . También hemos analizado sus fallos: especialmente  en el guión y en la construcción de los personajes. Nos hemos preguntado sobre su posible crítica política y sobre la deriva que puede tomar la trama a partir del capítulo cinco donde aparentemente se resuelven todos los interrogantes que se iniciaron con la llegada de Ethan a la misteriosa localidad. 

Ahora bien ¿Nos resulta creíble esta explicación? ¿Será la explicación real o se trata de una trampa narrativa? 

A continuación algunas pinturas de Hooper que tan bien retratan el estatismo inquietante del sueño americano y unas fotografías de Gregory Crewdson cuya mirada sobre los rituales del american way of life también me parecen que representan muy bien la perturbadora ambientación de la serie.








(fotografía de Gregory Crewdson) 


 (fotograma de Wayward Pines)

jueves, 18 de junio de 2015

Poltergeist: remakes y fantasmas golpistas. Leviathan, The Congress y Fuerza Mayor.

El futuro no nos hace. Somos nosotros los que nos hacemos
cuando luchamos por cambiarlo .
Paulo Freire 




Esta semana me ha asaltado por sorpresa el acoso y derribo contra los miembros del gobierno de Manuela Carmena en Ahora Madrid. Parece que los fantasmas no resucitan únicamente en el cine y que nos quieren vender que el terror procede de las nuevas tecnologías cuando quizás lo que ocurre, como en la película, es que hemos construido nuestras instituciones sobre un cementerio de elefantes.




Hay que estar muy alerta para no acabar tiñendo nuestros blogs y nuestra moralidad de una intencionalidad bienpensante y un dedo inquisitorial. Desde Redrum creemos que el mundo de la cultura tiene que implicarse contra este ejercicio de espiritismo histórico que quiere retrotraernos a la atmósfera del 36 y decir bien alto que todos somos dianas en el objetivo de un sistema dispuesto a poner a funcionar su maquinaria pesada al servicio de los intereses autoritarios.

Por supuesto, también hemos hablado del cine,  del esperado remake de Poltergeist de Gil Kenan y sus diferencias con el clásico de (digámoslo claro) Spielberg: el suspense y el retrato de la clases medias, la familia como foco neurálgico del terror, el miedo infantil y la crisis de la familia tradicional. Todos los elementos  que desaparecen en el remake  y son intercambiados por una orgía de tecnología digital y efectismo fácil.














Recomiendo tres películas interesantes y distintas: Leviathan (Andrei Zvyagintsev) un bellísimo retrato sobre el abuso de poder y la corrupción en Rusia que ha levantado ampollas en el ministerio de cultura de Putin,  Fuerza Mayor (Ruben Ostlund) una comedia sueca que narra la historia de una familia que va a pasar unas vacaciones esquiando en  los Alpes suizos cuando les sorprende una avalancha de nieve controlada que desata distintas reacciones entre sus miembros: la anécdota se convierte en el centro del relato y desata toda una crisis matrimonial sobre las expectativas, la sinceridad y la reparación del daño en la pareja. 

Por último también recomiendo The Congress (Ari Folman) una película a medio camino entre la fantasía y el drama que si bien no acaba de estar del todo bien construida propone  una reflexión interesante sobre lo real y sus distintas consistencias.



Todo eso en podcast de esta semana.

Bienvenido a la disidencia fílmica. Cualquier parecido con la realidad no es casualidad, es voluntario.

domingo, 14 de junio de 2015

The Congress: el futuro está en alguna parte del pasado.



Llevo varias días, semanas, meses sabiendo que estoy al final de algo. Sé que tras ese final está el futuro, pero por alguna razón que sólo puedo atribuir a la inestabilidad de mis pasos, ese futuro no termina nunca de llegar y acumulo en la piel los surcos de una  cansada transición. A veces creo que correr más rápido me llevará directamente  al principio de lo que va a venir, agito la jaula en la que vive el pájaro muerto, disimulo un gesto de resuelta decisión: esta soy yo diciendo  con certeza "si" "no" "lo quiero ahora" "para siempre".

Pero el gesto se desvanece, la decisión se hace duda, todo lo vivo vuelve a morir. Cada muerte es un incendio diminuto. Y quien he sido me persigue donde ya ningún yo encaja en lo que es.   El final de los algos se parece a contemplar un paisaje familiar en el que el elemento principal ha sido fuertemente adulterado pero somos todavía incapaces de identificar de donde procede la distorsión. 


Entre lo interno y lo externo y lo real y lo irreal hay infinitas estructuras de vasos comunicantes que es por donde parece circular el cine de Ari Folman; el tiempo, la memoria, el olvido, la identidad, el sueño, la hipnosis, el eclipse, la sobredosis, la amnesia, la huída y la verdad.  Desde Platón hasta  Borges, pasando por Christopher Nolan, Matrix y David Lynch, el arte se ha cuestionado que la realidad sea un estatuto sólido, sino más bien  una cualidad atravesada por capas que van desde el limbo hasta la conciencia. 

Para llevar esas diferencias a la imagen Ari Folman utiliza la alternancia entre imagen real y animación. Pero no hay que dejar que la aparente  asociación entre (imagen animada=irrealidad) (imagen real=realidad) nos ciegue.

 En Vals con Bashir (2008) la imagen animada no se corresponde con la irrealidad, ni tampoco con con el recuerdo, es una suerte de mezcla entre memoria dañada , imagen inventada, trauma y culpa. La imagen animada casi sorda y sutil, lo que alguien podría llamar incluso una "estetización del horror", nos da la llave en "Vals con Bashir"  de la subjetividad del protagonista: un director de cine obsesionado con un sueño repetitivo, que cree que puede ser la constancia de un recuerdo de su participación en la matanza de palestinos en Sabra y Chatila durante la guerra del Líbano.  En el mundo de lo animado caben la mezcla de elementos imposibles que no por inexistentes son menos reales. Lo imaginario, esa cualidad de deformar el pasado de acuerdo con una condición anímica del presente,  recordar por ejemplo una coreografía ensayada con una kalashnikov entre el sonido rítmico de la rozadura de las balas, se corresponde con algo más necesario que ajustarse a  los hechos del suceso: la necesidad de la psique humana por defenderse a sí misma a toda costa, incluso a costa de un ente externo llamado realidad. Tal realidad objetiva es inasible sin el ojo que la mira, son imágenes de un horror sin contexto ni parámetros, fragmentos de cuerpos, órganos enterrados en la historia, sin tiempo ni relato.  





En The Congress (2013) la premisa es completamente distinta, aquí Ari Folman parte de una historia con imagen real, anclada en una introducción de marcado carácter dramático para deformarnos el retrato del presente hasta llevarnos al delirio, alejarnos de parámetros conocidos y soltar las amarras del yo hasta disolver la conciencia en una suerte de cóctel químico que va alejando a la protagonista de los otros, de las  verdades impronunciables, de sí misma. 
Ari Folman hace una adaptación muy libre de la novela de Stanislaw Lem "El Congreso de Futurología" (autor de grandes novelas del género como Solaris).  La distopía de la novela de Lem se quiebra cuando Ari Folman decide empezar el relato enunciando un discurso en primera persona sobre la fractura del cine, la fractura del relato, la fractura de la actriz. Robin Wright interpreta a Robin Wright, una actriz madura que se arrepiente de no ser lo que podía haber sido, aunque no tenga una idea concreta de a que a renunciado y por qué,  una promesa del cine a los veintipocos años con La princesa prometida, una madre abnegada, una mujer construida a base de equívocos que recibe la que podría ser la última oferta de su carrera: los estudios Miramount le ofrecen un contrato para digitalizar su cuerpo y utilizar su imagen en la interpretación de cientos de miles de papeles en los que siempre resultará joven, pero ya nunca será ella. 
Un magnífico Harvey Keitel y la propia Robin Wright interpretan la escena de la digitalización que pone el broche al primer acto de la película. Una escena que parece un claro homenaje a Metrópolis, con todos los focos y las máquinas devorando la emoción de la actriz en pro de un progreso técnico perverso y alienante. 






"Nueva York era una ciudad llena de jardines suspendidos" 

En el Congreso de Futurología, la película pierde fuelle, entre otras cosas porque la calidad de la animación no se parece al tipo de imagen sutil y poética que habíamos visto en Vals con Bashir, claro que la propuesta aquí es un descenso hipnótico, un elogio a la fantasía donde la industria química ha desarrollado capacidades de evasión tan sofisticadas que uno puede elegir su propia fantasía según su estado mental, puede tomar cápsulas para volar, para tener el síndrome de Usher, para parecerse a Jesucristo o para tener porno con su actriz favorita. ¿Dónde esta Robin Wright en ese momento? ¿Dónde está el cine? Los estudios se han convertido en una compañía farmacéutica que distribuye minidosis de fantasía para la autogestión personal, el cine como arte o relato mítico que sitúa la realidad y hace de marco referencial no existe, cada cual tiene su propio marco en una gran orgía del autoentretenimiento sin conciencia del yo, ni recuerdos, sin nociones limitantes de tiempo, espacio y gravedad. La película avanza haciendo grandes referencias al mundo del arte y homenajeando algunas escenas de la propia historia del cine: imposible no pensar en Titanic,  2001 una Odisea en el Espacio o Carretera Perdida.












Al salir de ese estado de ensoñación histérica, Robin Wright encuentra un mundo en el que ya no puede ser Robin Wright, la podredumbre social y vital ha alcanzado a la población mundial de tal manera que el planeta entero es un inframundo que  vive en una evasión miserable y harapienta de adicción tecnológica y abstracción autista. No hay camino de vuelta ni hacia adelante, ni hacia atrás, está atrapada en un limbo en el que los vínculos con lo real se han roto pero al mismo tiempo está fuera ya de una compulsión delirante por abstraerse del presente. ¿Cómo caminar hacia alguna parte del futuro? La película quizás nos devuelve la única respuesta posible: el propio objeto cinematográfico que urde los diferentes fragmentos de la narración, reconstruyendo el relato. La única arma que la protagonista tiene  para reencontrarse con su hijo en el mundo caótico de la fantasía animada es  conocer  fantasía de este. Robin Wright toma una fórmula para convertirse en él y vuelve al mundo adulterado construyendo los acontecimientos desde los ojos de su hijo. Así,  imagen tras imagen la fantasía con una narrativa cronológica  parece descansar sobre un sentido. Al lado de una avioneta, justo igual que al inicio de la película, Aaron, el hijo de la protagonista sueña con convertirse en uno de los hermanos Wright, los inventores de aviones, que casualmente comparten apellido con su madre y con la actriz Robin Wright. 



Llegados a este punto, una se pregunta qué parte de ese cine que llamamos ciencia-ficción o "distopía" constituye en realidad un cine-filosófico que nos habla sobre el presente y sus agujeros de gusano simbólicos. The Congress, una película valiente, aunque no redonda, es en realidad una defensa del cine como mecanismo que articula sentidos, una defensa del relato como contexto, en el que el pasado es el hilo de Ariadna que nos mantiene unidos a la tierra, igual que en las cometas que aparecen en la película, sólo podemos volar si hay alguien abajo que nos sujeta.  




martes, 2 de junio de 2015

The Leftovers, el aliento sostenido.


"Dijo que eran nuestros perros. No lo son. Ya no."

The Leftovers 



Del mismo modo que Marguerite Duras escribió: "Tu no has visto nada en Hiroshima, nada" los protagonistas de esta serie de la HBO parecen querer decir que el mundo anterior y el mundo posterior al 14 de Octubre se miran entre sí  y se increpan buscando con qué parte de verdad se puede seguir viviendo. En esta serie de Damon Lindelof, el 2% de la población mundial desaparece misteriosamente sin que haya explicación científica ni explicación religiosa unánime para dar sentido a una perdida colectiva de tal magnitud.




El trauma individual es una grieta que resquebraja los cimientos de los hogares pero también de la civilización occidental: la familia y la comunidad científica, la iglesia y el estado, la racionalidad y la confianza en el futuro. Paradigmas certeros se hacen añicos en una serie que ve más allá de ofrecernos la visión desoladora de un efecto postraumático. La capilla sixtina de los títulos de crédito, que emula con pinturas al fresco el momento de la desaparición, sugiere mucho sobre el sentido de esta serie de trascendental impacto; la civilización en fuga, ¿hasta dónde somos humanos, los humanos? La metáfora del perro convertido en animal salvaje es el reflejo del propio ser humano que ya ha dejado de garantizar la convivencia en sociedad para ser una víctima de su propio caos. 

La lucha por no resignarse a un mundo que ya no podrá ser el que era y la herida convertida en una realidad estática da pie a un relato magnífico, hipnótico y atravesado de dolor en cada imagen. Atreverse a llegar al final de la primera temporada de la serie, supone atreverse a contemplar sin apartar la vista, las propias heridas. Decía Holderlin "Donde crece el peligro, crece también lo que te salva".  Hallar la belleza de la destrucción será una de las contradicciones ante las que se encontrará el espectador sensible, y es sin duda también una de las características de la ficción contemporánea. Una rotunda precisión narrativa que se convierte casi en una pieza aparte en los capítulos 3, 6, 9 y 10. 




Uno de los protagonistas de "En un mundo mejor" de Susanne Bier, decía que la muerte levantaba durante unos instantes el velo que separa a los vivos de los muertos. Ese instante parece conjugarse en presente continuo en The Leftovers, esta semana nos hemos dado un paseo por el sótano de una serie inclasificable que desborda talento  visual. Un ejercicio creativo y filosófico para gorumets que desmenuzamos en el podcast de esta semana. 




viernes, 22 de mayo de 2015

La desaparición de Eleanor Rigby, Selma y Map to the stars.

"La tragedia es un país extranjero"
(William Hurt en La desaparición de Eleanor Rigby)







Las luciérnagas tienen una cualidad luminosa en perpetua evanescencia. No por causalidad, en gallego luciérnaga se llama vagalume, luz que vaga. Las luciérnagas, metáfora visual de la película La desaparición de Eleanor Rigby, comparten estas mismas características con su protagonista: la luz y la fuga, la desaparición y la aparición como parte de un ciclo sin propósito ni destino que es quizás parte del viaje de la existencia. 

La desaparición de Eleanor Rigby no es una película perfecta pero está hecha de un material altamente sensible que llegará con profundo aguijón a a las personas que la necesiten. Está construida con la delicadeza con la que se construyen las verdades en el tiempo, Ned Benson tardó diez años en escribir el guión definitivo de la película, que desgraciadamente no tendremos ocasión de ver en Europa debido al remontaje que hizo de la distribuidora sobre la película original de tres horas de duración. 

Jessica Chastain  da la mejor interpretación de su carrera a un papel lleno de matices, que ofrece una visión radical y atormentada de la subjetividad del sufrimiento femenino. Lástima que James McAvoy no aguante tan bien el duelo interpretativo con la Chastain,  aun así la película es una pequeña pieza intimista de sumo contenido poético que hará las delicias de todos los que se enfrenten a la incertidumbre.



Por su parte, Ava Duvernay, mujer cineasta negra, como le gusta autodenominarse, nos propone un viaje a la Alabama profunda para contarnos su propia visión de la marcha de la pequeña localidad de Selma a Montgomery en 1965 que terminó con las restricciones al voto negro en el Sur de los Estados Unidos. Una película, que si bien gira mucho entorno al liderazgo de Martin Luther King y su mesiánico papel en la lucha contra la segregación racial, no declina tratar los aspectos más espinosos de está lucha con suma elegancia estética y profundidad histórica: luchas internas, problemas de conciencia, matiriología, desobediencia civil y los límites de la no violencia como forma de lucha.  Intentando siempre buscar el retrato poliédrico de los acontecimientos, la película de Duvernay es, salvo algunas concesiones al gran público, una gran aportación al cine sobre las conquistas de derechos civiles.




En último lugar, Cronenberg se estrella estrepitosamente en una cinta pretenciosa que intenta provocar y sorprender pero que no consigue ni una cosa ni la otra. Map to the stars, se suma a la lista de títulos que quieren radiografiar el estado decadente de Hollywood puertas adentro, con una historieta de viñeta, unos personajes histriónicos de los que habría que destacar la siempre maravillosa, interpretación de Julianne Moore.



Te lo contamos todo, sin spoilers en nuestro podcast de esta semana. 


lunes, 11 de mayo de 2015

House of cards, los cimientos frágiles.


"La democracia está sobrevalorada" (Frank Underwood)





En plena campaña para las autonómicas y municipales, mientras esperamos con impaciencia esas elecciones que nos cambiarán la vida, mientras amigos y compañeros de trabajo consensuamos descaradamente el voto en tertulias de café...Netflix televisión ha venido para jodernos la epifanía. No, compañeros, no. Nuestra voto no hará historia. La historia la hacen los tipos con crímenes a sus espaldas en secretas habitaciones repletas de humo. Somos títeres manipulados en un juego, tan frágil como letal, y en este juego de cartas no gana quien tiene la mejor baza sino quien sabe adivinar las flaquezas del contrario. La política, tal cual nos la refleja David Fincher, no ha cambiado mucho desde los tiempos de Julio César o Ricardo III: pan y circo, traición, conspiración, autoridad y democracia,  sobre esos cimientos hemos construido una civilización con la que seguimos empeñados en identificarnos. Pero los "sólidos cimientos" sobre los que Frank Underwood parece estar construyendo su legado personal podrían ser de cristal.

La mayor vulnerabilidad de un líder es no conocer su propia vulnerabilidad.

Hoy hemos desentrañado las tres temporadas de House of Cards.

¿A quién imita Frank Underwood? ¿Qué trasfondo ideológico tiene la serie? ¿Qué puede ocurrir en la cuarta temporada? ¿Cuáles son los puntos fuertes y débiles de la serie y sus personajes?

Especial House of Cards...pre -elecciones municipales

 

domingo, 1 de marzo de 2015

Nosotros no nos mataremos con pistolas: Nadie nace loco.



Nadie nace loco 



Hace unos días pasé de puntillas por Valencia . Estaba enferma y herida, aunque no sé muy bien si en  ese orden. Se celebraba el tercer aniversario de algo que llamaron Primavera Valenciana. Se celebraba aniversario de algo en lo que dicen que participamos porque cortamos el tráfico de una calle principal de la ciudad y dejamos que la policía nos partiera los labios, nos abriera brechas en las cabezas y nos amoratara los muslos y la espalda . Se celebraba el aniversario de algo en lo que dicen que participamos porque nos detuvieron o  porque detuvieron a todos nuestros amigos. Se celebraba algo a lo que llamaron primavera porque iba a ser el principio de una historia diferente en la que nos haríamos llamar, nosotros.

Estaba herida y enferma, pero mi amigo Luis, recién llegado de Lima me arrastró hasta la sala Ultramar a ver una obra de teatro que pese a mi herida y mi enfermedad bajo ningún concepto podía perderme. Su título también podía sonar como un panfleto poético o como un manifiesto terrorista "Nosotros no nos mataremos con pistolas". ¿Qué quería decir eso? ¿Nos mataremos? ¿No nos mataremos? ¿Nos mataremos con otra cosa? ¿Cuando decimos nosotros queremos decir nosotros?
La obra escrita por Victor Sánchez, narra el encuentro caótico, etílico y brutal entre cinco amigos de la adolescencia que llevan cinco años sin verse, después de que se produjera la muerte de una de ellos. El reencuentro festivo deja espacio a las cuentas pendientes, los choques entre las distintas visiones de vida, los estragos de la ruta destroy, los ideales y los desajustes entre lo deseado y lo obtenido. La obra se pregunta si nuestro fracaso es nuestro. Si nuestra enfermedad es nuestra. Si las vidas deseadas, y tenidas, si los sueños atragantados de las adolescencias largas  son la consecuencia de los actos de otros. De los gobiernos  y las crisis, de las tasas de paro y los cánones de normalidad impuestos a prueba de psiquiatras, especialistas, estadísticas, opinólogos... También se pregunta si el fracaso es bello, si el fracaso es natural, necesario, sano, épico. Si como decía Lacan, todas las salidas del laberinto implican la necesidad de atravesarlo. Si lo enfermo, lo neurótico, lo que mata es el éxito, la anestesia tecnológica, el individualismo, mentir mil veces bien a la pregunta ¿cómo estás? Si lo insano es el estatismo, el deseo de ser un reflejo idéntico de nuestros mejores recuerdos. Es una obra difícil que camina con dificultad en la manzana envenenada que te entrega a modo de brindis, a medio camino entre la crónica autobiográfica y el retrato generacional.



Al final, tras un aplauso aterrador y furioso, tuvimos la oportunidad de intercambiar un par de preguntas con Victor Sánchez, el autor del texto y el equipo de actores. No recuerdo qué pregunté yo. Alguna pretenciosidad sobre la dicotomía entre el interior y el exterior. El dramaturgo valenciano contestó que en la obra había intentado condensar una reflexión autobiográfica, aquella que surgió después de ver  morir a  una amiga que tenía diagnosticado un trastorno límite de personalidad, momento en el  que el autor se preguntó sobre las causas  sociales y ambientales de la enfermedad mental.

Tampoco recuerdo qué preguntaron los alumnos de la ESAD invitados al evento, alguna pretenciosidad aún mayor, algo sobre la influencia de Beckett y la influencia de Chejov. Palabras que se paralizan en los labios como cuadros vacíos. Sólo recuerdo que mi amigo Luis, que había estado callado todo el coloquio, de pronto interrumpió aquella farsa de lugares comunes y devolvió la sala a la autenticidad que durante dos horas había convertido la ficción en algo más verdadero que la  vida  demostrando que el teatro alternativo valenciano vive una auténtica primavera:

"Pero vosotros ¿creéis que hay esperanza?"

Lo dijo así. Como si estuviera cabreado. Como si quisiera saberlo de una vez por todas. Como si no admitiera una evasiva. Como si estuviera dispuesto a darle un puñetazo a cualquier persona que se le ocurriera esquivar la cuestión citando a Chejov.

 " Pero vosotros ¿creéis que hay esperanza? "


Y es que  hemos venido aquí arrastrando nuestra patología porque pensamos que si. Y seguimos conviviendo con nuestra desadaptación porque creemos que si. Porque nos damos cuenta que cada vez a mayor velocidad, nuestras vidas avanzan en una dirección distinta a la deseada y aun así creemos que si. Porque nos han decepcionado los amigos, los amantes, las fronteras, los referentes intelectuales, nuestros padres, el hip hop y el rock and roll, el flamenco fusión, las drogas duras y el cine de autor, porque nos falló el movimiento antiglobalización y el 15M,  el comunismo ortodoxo y el asamblearismo radical. Porque estudiamos carreras inútiles y trabajamos en cosas que nos hicieron pensar que el mundo era un cuarto pequeño oscuro y afilado donde hasta respirar ardía. Porque alguna vez pensamos que todo eso había sido culpa nuestra. Porque alguna vez pensamos que todo eso había sido culpa suya. Porque aunque todo eso ocurrió alguna vez, y tal vez sigue ocurriendo, nosotros, que no nos mataremos con pistolas, creemos que peor que la muerte es vivir sin tener la certeza de que algo catastrófico y tierno, nos atravesará del todo.






viernes, 13 de febrero de 2015

Utopía: la paranoia amarilla.



La violencia deja una profunda cicatriz. Un rastro del olvido siempre permanece. La confianza en el mundo que el terror destruye es irrecuperable. Ver a tu prójimo volverse en tu contra… engendra un sentimiento de horror profundamente arraigado. La violencia corta la línea de vida. Un superviviente no sólo cambió, es ya otro. El sueño de la supervivencia se convierte en una pesadilla para él, que está de viaje. Cada uno de nosotros puede convertirse en un peligro para los demás   

Jean Luc Godard ( Nostre Musique) 


Dice Galeano que la utopía nunca se conjuga en presente,  es una cima  hacia la que caminamos sabiendo que nunca la alcanzaremos , y a pesar de eso siempre merece la pena el recorrido. Claro que hay utopías y distopías, futuros preferibles y futuros catastróficos. Y a veces la diferencia entre unos y otros no está más que en la mirada de quien la contempla. Algo así plantea la genial serie británica  "Utopía"que tuve la ocasión o la osadía de engullirme casi de una sentada el mes pasado. 

Utopía es la historia de un cuento transformado en pesadilla, o lo que es lo mismo de una utopía transformada en distopía: cuenta la historia de seis freaks, seguidores de un cómic de culto, de título "Utopía", que al hacerse con el único ejemplar existente de la original novela ilustrada , escrita  por un ex científico que terminó sus días en un psiquiátrico (Philipp Carvel)  se ven perseguidos por una malvada pseudo corporación internacional con influencia en todos los gobiernos del mundo: la red, gobernada por una figura anónima conocida bajo el pseudónimo de señor conejo. La trama se  centra en descubrir  el preciado contenido del ejemplar a la vez que  nuestros protagonistas en apuros intentan desenmascarar al temible señor conejo. Pero ¿es tan temible? 


Si habéis leído hasta aquí es posible que el argumento os haya parecido poco sutil, burdo e infantil. Pero os equivocáis. Hay que atravesar la entrada de  "Utopía" como atravesaba el personaje de Alicia el espejo que le llevaba a esa otra realidad paralela, desconcertante y auténtica que existía apenas dos pasos más allá del tiempo cronológico y la lógica causal. Hay que entrar en Utopía como  se entra en una atracción de feria, en un universo paralelo o en un sueño lejano que uno olvidará nada más despertarse.



  Existe el dilema filosófico, pero  la serie os hará sumergiros en él como en un mal viaje de ácido. ¿Qué es lo que hay entonces? Utopía no es una serie de ciencia ficción, ni un drama futurista. Es sobre todo un cómic delirante y surreal, dominado por un fuerte sentido de lo alucinatorio y lo estético, un laberinto sin solución ni salida, aderezado de hipérboles pero combinado con elementos lo suficientemente cercanos como para que nos resulte un relato aterrador. 

Si amáis a Lynch amaréis a unos personajes que actúan como si estuvieran poseídos por un tránsito planetario, un trauma reciente o una sobredosis de LSD: amaréis a Grant, a Wilson Wilson un freak de los ordenadores que vive con sus padres obsesionado con borrar toda posible constancia de su existencia en Internet, a Alice una adorable niña casi superdotada que puede entrar en fase ansiosa por no acabar el resumen de "Crimen y castigo",  Arby y Lee dos tipos que parecen haberse escabullido del casting de Pulp Fiction, que entran  en todo tipo de establecimientos  asesinan a un montón de gente y preguntan compulsivamente: "¿Dónde está Jessica Hyde?" Como contrapunto, Becky e Ian representan a los personajes más normales, que sin embargo verán sus vidas envueltas en la rocambolesca trama conspirativa, sobre todo a partir de que al final del primer capítulo (último spoiler, prometido) alguien llame a la puerta donde se encuentran escondidos y diga con mirada estrábica de cromosoma perdido: " Hola, soy Jessica Hyde". 





Amaréis los planos recursos, panorámicas que parecen cuadros hiperrealistas desproporcionados,  las perspectivas aberrantes, los colores hipersaturados y una banda sonora llena de disonancias que marca  el ritmo de una atmósfera inquietante.  Amaréis todos los ingredientes  de  esta perfecta pesadilla persecutoria, donde todo el mundo parece tener algo más que ocultar o si acaso algo más de lo que huir. 




SI NO HAS VISTO LA SERIE DÉJALO AQUÍ.

Utopía parte de una verdad universalmente conocida pero poco tenida en cuenta a la hora de hacer política: si se mantiene el crecimiento de la población durante las siguientes décadas, en unos años no habrá recursos para toda la población, lo que provocaría según los defensores de Utopía, un genocidio entre pueblos sin precedentes en la historia de la humanidad. La tercera guerra mundial sería no por las hegemonías, ni por las ideas, sino por los recursos. Esto lo plantea más o menos la teoría del decrecimiento sólo que de otras maneras: no podemos seguir produciendo como hasta ahora, si mantenemos nuestras formas de consumo y producción condenamos al planeta y a las futuras generaciones al desastre. Pero la economía de mercado somete a los  países a la necesidad de  producción y consumo para sobrevivir económicamente. La teoría del decrecimiento no ha soportado el embate de la crisis, pronunciar la palabra decrecer delante de un  autónomo debe ser como mentar al mismo Satanás. 

No, no son tan sofisticadas las teoría las que se han planteado los científicos de "La Red". En su lugar proponen reducir drásticamente la población en las siguientes generaciones, pero no a través de un genocidio selectivo sino a través de la inoculación secreta de una proteína que convierte en estéril a la población. Esterilización selectiva. Tampoco nada nuevo. Tal y como documenta Galeano en "Las venas abiertas de América Latina" las esterilizaciones  forzosas se estuvieron practicando  a lo largo de la década de los setenta sobre mujeres en numerosas poblaciones indígenas de América Latina para ¿reducir? ¿eliminar? a poblaciones indígenas contrarias a los planes de expolio y saqueo. La cuestión es ¿cómo reaccionarán nuestros personajes una vez conozcan las intenciones de Utopía y la identidad del señor conejo? ¿ es esta la única solución/esperanza que hay para el planeta?  ¿y si lo fuera?  

Ante el macabro plan surgen las diferencias entre nuestros protagonistas. Están las almas incorruptibles que creen  que el fin no justifica los medios, los que se mueven en unos contrastes fuertes entre la indiferencia y la agresión casi como una forma de búsqueda existencial (Lee, Grandt, Jessica), hasta quienes se vuelven unos conversos de la causa de Utopía como Wilson Wilson, por cierto no por casualidad árabe y quien no vea mensaje subliminal que me lo explique,  elevado a la condición de mártir-verdugo:  "Lo que a ella le gusta de ti es que eres un creyente". 

 La segunda temporada ofrece un maravilloso primer capítulo en el que conocemos el origen utópico de los utópicos. Un arriesgado ejercicio de ruptura de estilo a modo de flash-back que nos devuelve al momento en que Mildner, traumatizada por haber sobrevivido a un genocidio durante su infancia (la II Guerra Mundial)  se fascina con la inteligencia de Philip Carvel, el creador de Utopía a principios de los setenta. En este idilio la convicción de hacer lo correcto se convierte pronto en una fe dogmática que va avasallando y tomando como medios las vidas de las personas que aparecen en sus caminos. La política de lo psicopático, la humanidad como imposibilidad, la cancelación de la empatía son solo algunas de las implicaciones que la serie nos da sobre la realidad y alienación contemporánea. 


Mientras avanza la narración un tono amarillo cada vez más flamante e intenso cubre los edificios, la ropa de los personajes, las bolsas de viaje, los paneles de los aeropuertos e incluso la fotografía general de la serie se vuelve de una tonalidad más amarillenta. Como dijo Kandinsky en De lo espiritual en el arte, el amarillo nos remite a la locura insana, a la violencia. La exhibición de la violencia tiene un protagonismo fundamental en la serie que le ha dado no pocos quebraderos de cabeza a su realizador,  violencia social, simbólica y política, con un ineludible  toque de humor negro.





  Sorprenderá un ritmo demasiado elíptico o atropellado, no creo que sea fruto de un error sino de que toda la serie está concebida como una novela gráfica en movimiento. Cada plano es una viñeta pintada. Cada personaje un estereotipo. Las elipsis y los cambios repentinos de tiempo se adecuan al ritmo del cómic. Se han hecho muchas películas sobre cómics existentes que no respetaban las normas del género original, en su lugar Utopía es una serie hecha con el lenguaje de un cómic que nunca existió en soporte papel. 


Las imágenes de la novela gráfica "Utopía" que aparecen en la serie.



La estructura de planos con perspectiva de historia gráfica. El potente repertorio cromático de Utopía.



La serie camina hacia una línea filosófica que parece defender una idea de supervivencia instintiva (homo homini lupus) donde se le niega a la humanidad toda posibilidad de salvarse a sí misma.  Aunque no sabemos si era este el tono que le querían dar al relato porque lamentablemente no veremos la tercera temporada de este canto a la  originalidad apocalíptica y al bizarrismo ya que Channel Four ha cancelado su emisión, una pena, justo ahora que nos habíamos reconciliado con nuestro sociópata interior.