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sábado, 15 de agosto de 2015

LAS MUJERES DE THE NEWSROOM



De nada sirve negarlo. Si he conseguido sobrevivir al calor nuclear de los últimos días de Julio en Valencia ha sido gracias a la serie de Sorkin, que ya debí haber visto hace tiempo pero que con ese “lo vas dejando, lo vas dejando” fue retrasándose de una temporada a otra hasta que tuve ocasión de ver el piloto y quedarme prendada de ella modo yonki: es decir, a una temporada por día. Eso implica un estado de deterioro físico y social importante, pero en pleno holocausto climático lo primero me parecía secundario. La serie cuenta la quijotesca hazaña del canal de noticias Atlantis Cable News por hacer un periodismo de calidad en medio del reinado del amarillismo y la guerra de audiencias. Hasta ahí todo claro. Diálogos ingeniosos, política internacional y unos personajes magistralmente construidos ponen el broche a una serie que tiene el sello del mejor cine clásico: las comedias con guión de hierro que se rodaron entre 1929 y 1940 por grandes escritores de diálogos, genios humor del y la retórica dispuestos a poner el matiz dulce a una época amarga. Me refiero a Billy Wilder, Ernest Lubistch o Howard Hawks.

Pero lo que verdaderamente me ha llamado la atención es la construcción de los personajes femeninos de esta serie. Digamos que los tres personajes principales que vertebran las tres temporadas de The Newsroom son Maggie Jordan (Alison Pil), Mckenzie  Mkhale (Emily Mortimer) y Sloane Sabbith (Olivia Munn).

Sin duda, Maggie Jordan y Mckenzie Mkhale representan a la mujer contemporánea. Si bien cada una a su manera las dos responden al mismo arquetipo de mujer que se ajusta a las demandas de su tiempo, profesional competente, hiperperfeccionista y en constante conflicto con sus necesidades afectivas, que son: 1.tener una pareja, 2. tener una pareja que se comprometa formalmente (con anillo, mejor). Este conflicto entre un mundo afectivo sensible vulnerable y demandante de protección y su faceta profesional competente e incisiva se manifiesta en un histrionismo compulsivo e histérico que en el caso de Mckenzie se compensa por su superioridad en el campo profesional, pero en Maggie Jordan se hace insoportable precisamente por la inseguridad que acarrea en su faceta laboral.







 Mckenzie y Maggie son en realidad el mismo personaje con unos años de experiencia laboral de diferencia. Y así lo reconoce la propia Mckenzie en las primeras escenas del capítulo piloto, quien ve en Maggie un reflejo de sí misma en los inicios de su carrera laboral. El aplomo que mantiene Mkenzie en los momentos difíciles, su buen juicio periodístico y su apasionamiento que le hace ganarse el respeto de sus compañeros se hace trizas cada vez que su historia no resuelta con Will la pone fuera de control. Lo mismo ocurre con Maggie a quien además del modo en que su vida afectiva impacta en su trabajo hay que añadir descalabros, errores, inseguridades, despistes y la faceta innata para complicar hasta la saciedad opciones francamente simples. En este sentido, al menos profesionalmente Maggie es un personaje al que vemos evolucionar a lo largo de la serie.
Lo personal, por supuesto, sigue siendo su punto débil, al igual que Mckenzie.





No es que esto me parezca machista. En ningún caso me parece feminista. Y desde luego me niego a que sea realista. No soy de esa clase de mujeres que sueña con un anillo y una familia. No me considero rara por eso, y me niego a que la descripción de la mujer contemporánea encaje con el perfil que acabo de mencionar en el que las mujeres pese a ser guapas, listas y grandes profesionales no se sientan completas hasta que las ampara la seguridad matrimonial y la seguridad de tener tu propia descendencia. Pero por desgracia una gran mayoría se siente así. No sé en que momento empezó, sólo recuerdo que un día nuestras preocupaciones eran la cultura, la política y el cambio climático y de repente mis amigas sólo hablan de novios, de novios frustrados y de la necesidad de asegurar su propia descendencia. Sé que muchas dirán que no hay nada de malo en querer formar una familia y en la idea de compartir y todo eso. Pero bueno, es una opinión personal, es un tema de conversación que me sobra. Estoy cansada de ir a charlas de café sobre la idea de compartir y la crisis del compartir, y las que se han quedado colgadas de compartir y las que sueñan con volver a compartir, estoy cansada de ver a la gente reformar casas y organizar bodas. No tengo nada político en contra, entiéndanme. Simplemente es un mundo que no me interesa. Creo que un personaje como Mckenzie que en lo personal y lo político me cae muy bien ganaría mucho si simplemente no fuera arrastrándose por la redacción detrás de un anillo que le de sentido a su vida.


Y aquí va el tercer personaje de la serie: Sloane Sabbith. De Sloane Sabbith se ha dicho que representa la proyección de una fantasía erótica de Sorkin, el cuerpo de una mujer sexy con cerebro de hombre. Pero yo no creo que se trate de una masculinización. Sloane representa otro tipo de feminidad. Una buena profesional, con problemas de sociabilidad que no reniega de su sexualidad pero sí de las neurosis y convencionalismos que rodean el tema de la maternidad y el matrimonio. También se ha dicho que sus obsesiones geeks son poco realistas. Pero a mi lo que me parece poco realista es la construcción de arquetipos femeninos que nos intenten hacer encajar a todas en un mismo molde afectivo que pasa por complacer a los otros, compartir con los otros, comprarse casas con los otros y decir lo que los otros quieren oír. Sloane no tiene muchas amigas y se siente más a gusto con los ellos, pero no por un tema de misoginia sino de camaradería, y de autoconservación.










 Como toda rara avis, Sloane, es consciente de que está en minoría y de que si quiere hablar de anomalías económicas, y de cosas japonesas tendrá que hacerlo con un compañero del sexo opuesto. Sloane no se complica la vida, no hace grandes construcciones literarias de granos de arena y es fanática de las cosas que le interesan. Tampoco es un alma solitaria que haya jurado soledad, está dispuesta a asumir la existencia de sentimientos. Lo que no está dispuesta es a quedar para hablar de ellos y comprarse zapatos. Sloane es mi idea de lo que la nueva feminidad debería ser o al menos la feminidad con la que me identifico, no obviamente por sus espectaculares medidas, que a decir verdad su acentuación también me parece toda una manera de estar en el mundo, sino por la idea que hay detrás; alguien que ha abandonado la victimización, que es capaz de autogestionar su vida afectiva sin dejar un reguero de sangre o de whatsaps de por medio, alguien que asume con estoicismo sus errores y que no condena al sexo masculino (en general) por su falta de sensibilidad cada vez que un rollo le salga mal, alguien que no ve la soledad como una catástrofe y que no contempla el aburrimiento como posibilidad y sobre todo alguien que no está dispuesta a que ninguna hermandad de féminas sensibleras le diga cómo y qué debe hacer con su presente para tener un futuro prometedor y estable. Como si la estabilidad fuera algo parecido al destino...o una receta deseable. 



2 comentarios:

  1. Me queda terminarla, pero tras Studio 60, es mi Sorkin preferido. Personalmente, atraido por el tema del periodismo pero caminando por otros horizontes precisamente por descreimiento, una serie imprescindible.

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  2. Gracias Mycroft!! No he visto Studio60! Me la apunto! Creo que a todos los periodistas descreídos nos entró un ataque de idealismo con The Newsroom. Me dolió acabarla. Plantea debates que aún perduran en mis conversaciones como el papel del entrevistador/opinologo, en el caso de España, me suscita serias dudas que Ana Pastor pueda emular a McAvoy, aunque seguro que ese es el modelo que está entre sus referentes. Para el programa de radio que va unido a este blog; Redrum Blues pensé en dedicar un monográfico a la serie y vincularlo al papel del periodismo, sus crisis y zozobras, la precariedad y la vulnerabilidad de esta profesión en algunas partes del mundo. Justo estaba en ello, cuando me golpeó el asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa en México. Así que pensé que México ya requería de un especial aparte. Pero The Newsroom sigue en el horizonte. ¡Gracias por seguir el blog!

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